viernes, 13 de junio de 2008

El goce estético

En este blog y en otros foros de debate he hablado muchas veces sobre el goce estético. Yo soy de la opinión de que el arte es intemporal, y que de alguna manera, el buen arte siempre irradia algún tipo de energía que sólo algunos son -somos- capaces de percibir. En realidad no se trata seguramente de energía mensurable sino de alguna sutil ordenación formal que para la mayoría de las personas -no sensibles a ella- pasa inadvertida.

http://mathewpokoik.files.wordpress.com/2007/07/bruegel-blind-leading-blind.jpgPor supuesto, esta conclusión siempre me ha puesto en contra a jaurías furiosas que me insultan, me ridiculizan o piden directamente mi cabeza. Gente que se supone capaz de disfrutar del arte, pero que se siente excluida por esta teoría, y se rebotan contra mí. Realmente, muy pocas veces encuentro gente que opine en este sentido igual que yo; gente que anteponga el disfrute puro, de la obra en conjunto, a otras consideraciones históricas, literarias, biográficas, técnicas...

Pero con el tiempo he aprendido a sobrellevarlo.

No se puede mostrar la imagen “http://www.edu.pe.ca/rural/class_webs/art/images/goya.jpg” porque contiene errores.Hoy mismo estuve charlando con mi mujer sobre este tema. Ella me contaba que cuando ve una obra de arte, simplemente la disfruta, se emociona con ella. Sólo después, pasado el primer momento de "shock" o enamoramiento puede fijarse en el tema, la técnica, la composición... En cambio, si la obra es menos buena esas consideraciones, precisamente son lo primero que le viene a la cabeza. El goce estético (o éxtasis estético si se prefiere) no tiene lugar, por lo que no puede bloquear la lectura intelectual. A veces, si llega algo de goce estético es sólo por partes, al analizar tal o tal otra zona, pero no es completo: no impregna todo y lo inunda, como sucede con la obra de arte grandiosa.

http://www.leonardodavincimilano.com/leonardodavincimilano/Cenacolo.jpgTratando sobre estas cuestiones, derivamos hacia la obra maestra y la que sólo tiene valor histórico. De la primera quizá se escriban libros, pero serán esencialmente semejantes a los que se podrían escribir sobre otras obras semejantes del mismo período, más mediocres. Inmediatamente recordé un artículo aparecido en "XL Semanal" en el que Juan Manuel de Prada habla de los análisis que los "expertos" hacían en una ocasión de "La Última Cena" de Leonardo da Vinci.

http://students.roanoke.edu/groups/IL277CC/green/cenaultima.jpgY es así, precisamente. Con obras de tal nivel artístico, ni Carmen ni yo podemos ver más que la obra, redonda, completa y unitaria, magnífica. Sólo después de extasiarnos en su contemplación repararíamos en que se trata de una "Última Cena" según el típico modelo de la época -del que habla Juan Manuel de Prada- y desmenuzable en datos concretos. Pero en la visión de otras muchas últimas cenas de la época, más mediocres, como no hay arte -de primera fila- al que aferrarse, sólo podemos estudiar los cuadros histórica, iconográfica, técnica, formal, compositivamente...

No se puede mostrar la imagen “http://vasanthseshadri.files.wordpress.com/2008/03/guernica.jpg” porque contiene errores.Quizá algunos se escandalizarán con todo lo que he escrito aquí. Que me dirán: ¿y por qué tú te crees sensible al arte? ¿Por qué crees que sólo vuestra forma de ver los cuadros es válida? ¿dónde te sacaste el carné de veedor de arte? y cosas semejantes.

Pero hablo de goce estético, de placer, de una suerte de enamoramiento que a mí -y a más gente, claro- me ocurre con algunas obras de arte. No es tan difícil de entender, hay un símil universalmente conocido: el amor.

http://www.kutnig.at/svenja/img/paintings/1_acrylic/the-tree-of-life_stoclet-frieze_21.jpgCuando uno se enamora, la persona amada se ve entera, perfecta, deslumbrante. Después puedes fijarte en cosas secundarias: nivel cultural, preferencias, gustos, familia, procedencia...

Pero si no hay enamoramiento, lo único que veremos es precisamente las otras características secundarias. Con el roce, al estudiar a la persona, quizá más tarde nos demos cuenta de que posee cierta belleza o hasta lleguemos a cogerle cariño. Pero falla lo principal. Que veamos a una persona como culta, afín, bien educada, de buena procedencia, etcétera no va a ser suficiente para que nos enamoremos. ¡Cuánta gente no se ha enamorado de quien no le convenía!

http://www.woodlands-junior.kent.sch.uk/Homework/egypt/images/farming.jpgEvidentemente todos podemos enamorarnos, pero no todos llegamos a experimentar el amor del mismo modo. En el caso del goce estético se trata de una capacidad escasa, que no se da en todo el mundo. Pero igual que con el amor, el goce estético, el amor al arte, no tiene que ver con su racionalización, y depende muy poco de los conocimientos concretos (técnicos, históricos, formales...) adquiridos. Del mismo modo que el arrebato amoroso puede llegarnos en la adolescencia o incluso antes, el arrebato estético no tiene edad. Pero como el amor, gana en hondura cuando la persona es más honda, cuando tiene más profundidad y experiencia vital.

http://www.matesco.unican.es/indice/localizacion/altamira.gifQuizá, como con otros sentimientos, en realidad todos estemos más o menos capacitados para dejarnos llevar, para sentir ese goce, ese amor estético. Sólo que otras cosas nos impiden dar rienda suelta a esos sentimientos. Normalmente tendemos a intelectualizar todo lo que tiene que ver con el arte. "El sentir Romántico era..." "Panofsky opinaba..." "Adorno escribió..." Cosa que no permitimos ni con la música, ni con el cine, ni por supuesto, con respecto a la persona amada.

Dejarse embaucar por la intelectualización del arte es profundamente estúpido: estúdialo si quieres, pero ¡el arte no se hace para estudiarlo! ¡Está vivo! Primero se trata de sentir, de dejarse arrebatar, de enamorarse. ¡No necesitamos saber quién es Leonardo ni cómo nació la perspectiva central para que la Última Cena nos deje boquiabiertos!

8 comentarios:

mariano dijo...

Muy cierto...pero el caso es que la intelectualización del arte, o la supuesta intelectualización, es hoy la norma.
Las muestras de los museos te dan la bienvenida siempre con un texto en varios idiomas que parece imprescindible leer, y el "explicar una obra de arte" se ha convertido en una necesidad realmente no necesaria, en un bulo que separa entendidos de no entendidos y que es necesario desmontar.
Mucha gente, espectadora de obras de arte, sí es sensible y capaz de conmoverse y de sentir ese goce estético del que hablas, pero desprecia su propia sensibilidad creyéndose sin criterio porque "no entiende de arte" (a cuanta gente hemos oído decir eso, escaqueándose de opinar por miedo a quedar mal, cuando sólo se le pregunta si le gusta o no le gusta algo).
Es, quizá, necesario "entender" de arte para darse cuenta de que no es necesario "entender" para apreciarlo, para sentirlo, o incluso para hacerlo.

Passy dijo...

De acuerdo. Hagamos la prueba ¿Es capaz de describir qué le emociona en "los fusilamientos del tres de mayo"? ¿Y en el "Guernica"? Antes de hacerlo, repsase su entrada.

No sé qué pensará usted de la Melancolía, pero a uno se le saltan las lágrimas viendo ciertas cosas de Durero después de haber leído a Panofsky.

Ayer escuché por primera vez en mi vida la 9ª de Mahler. ¿Por qué hace diez años no entendía nada de este buen hombre y ayer me estremecí en el primer movimiento? ¿Porque sí? ¿Ciencia infusa? ¿Me dejé llevar? ¿Había llegado el momento -mi momento- de oir a Mahler?

¿Nunca le ha pasado con un libro o con un cuadro esto mismo? Aquello que le era ajeno, que no le causaba ninguna emoción entonces, es ahora parte de su bagaje sentimental ¿Por qué? ¿Nada tiene que ver en eso lo que usted ha leído visto u oído en el tiempo que media entre ambos momentos?

Es posible que haya tenido usted la fortuna de ver los originales de los cuadros con los que ilustra su artículo. Si es así, también es muy probable que antes de ese mágico momento, usted los haya visto reproducidos y que antes hubiera visto una Última Cena hecha de estaño en el comedor de una tía-abuela. Si usted vive en el País Vasco o tiene la edad adecuada habrá visto el Guernica reproducido en 3-D, en ceniceros, pañuelos, camisetas, reportajes, informes semanales; conocerá su historia, sabrá posibleente cómo se encargó el cuadro a Picasso y cómo volvió a España desde los EEUU. Tal vez una novia suya llevaba la carpeta de los apuntes forrada con una imagen de Klimt o hablaban ambos acerca de "El beso". No digamos nada si nos ponemos a hablar de El grito de Munch.

Si fuera usted "el buen salvaje" recién llegado de la selva, y, si colocado frente a "Las meninas" rompiera a llorar de alegría, si no pudiera contener un grito de júbilo frente a esa tela llena de manchurrones, entonces, amigo, correría a brazarle aún a riesgo de que malinterpretara mi gesto y me atravesara con su lanza.

Su vehemencia es digna de mejor causa y desde luego el insulto in fine no refuerza su argumento. De nuevo le propongo que dedique una entrada a una descripción lírica, subjetiva y exenta de los condicionantes de los que usted parece abominar. Dedíquela a Klimt, Picasso, Goya a la cueva de Altamira o -si también le emocionan- a Freud, Bacon, Ruscha, Kiefer,Wall, Richter... Está en su derecho: elija. Pero no se salga de las marcas.

En la seguridad de que no le será fácil, reciba un atento saludo.

Anxova dijo...

Creo que NO sería capaz más que de emular alguno de mis sentimientos intentando provocarlos de nuevo con mi narración. Como muy emotivamente has conseguido transmitir tus sentimientos en tu respuesta, llena de pasión, por lo que te felicito.

Mi vehemencia hace suponer que soy extremista. Que creo en el mito del "buen salvaje" o que desprecio todas las maravillas que el conocimiento provoca asociativamente en nuestro tejido emotivo. A mí me ha emocionado también Panofsky, Gombrich, Kandinsky, Arnheim incluso, con sus escritos. No digo que no me influya todo lo que conozco previamente sobre una obra famosa.

Pero hablo de otra cosa: hablo de ese arrebato inevitable que sacude nuestra percepción delante de algo grandioso. Por desgracia no he tenido la suerte de poder ver en directo todas las imágenes que utilizo para ilustrar esta entrada, por lo que quizá no debería utilizarlas... Pero cuando me ha arrebatado algo como el Guernica, o los fusilamientos de Goya, o esos toreros de Solana, o una pintura de Freud, otra de Kitaj en el Thyssen... no he sido capaz de pensar inmediatamente en nada de lo que "sabía". Una vez pasado el arrebatamiento, el momento en que la obra me llegaba a todas las partes del cerebro a la vez, por así decirlo, sí he sido más o menos capaz de analizar, de establecer relaciones, acordarme de datos...

A eso me refiero. A que el momento de goce es puro placer, una especie de orgasmo estético. Y del mismo modo que en ese momento del orgasmo carnal uno no se acuerda de que se hace tarde para salir a comprar, en el momento del goce estético uno no se acuerda de lo que estudió.

En los fusilamientos del tres de mayo, me suelo quedar anonadado con el farol. Es que ¡no puedo evitar ver luz saliendo de él! Y no puedo pensar nada. Lo miro, siento su luz, su tamaño, el colorido, y ni me fijo demasiado en las figuras.

En el Guernica -aunque hace mucho que no lo veo- me impresionó el tamaño, sí, pero mucho más ¡EL COLORIDO! No me esperaba unas gamas de grises, azules, pardos, tan bien degradadas, la tremenda sensación de ¡DULZURA! que me produce, a pesar de los contrastes, a pesar del tema. Un cuadro triste, pero que me hacía sentir como el espectador de algo grande. Creo que ver el Guernica para mí fue una bofetada de belleza, de serena belleza. Me gustó mucho, a pesar de que cuando yo lo vi, había que hacer virguerías para verlo entero, en la sala donde lo habían expuesto, tras un cristal. De algún modo sentía como una sensación de recogimiento, algo casi religioso (y eso que soy ateo).

A mí Durero siempre me ha gustado. Lo envidio, con "sana" envidia. Menudo cabrón. Esa forma de trazar, de forma precisa pero dulce, con exactitud germánica, pero con belleza tan delicada a pesar de todo.

Con la música clásica, comencé escuchando las piezas más conocidas popularmente. Mahler fue una de mis conquistas finales. Porque yo no digo que no haya que EDUCAR el oído o la vista, pero para hacerlo es necesario ESCUCHAR y VER, no estudiar lo que dicen los que ya han escuchado y visto. La única experiencia válida es la propia, lo de los demás puede valer como advertencia, pero no como experiencia, creo yo.

¡Claro que me vale lo que he visto desde hace años! Ese es mi bagaje. Cuando tenía 2 años seguro que ni miraba a Picasso y ahora me encanta.

La primera vez que escuché música de Goran Bregovic me pareció una horterada, y ahora me gusta. Pero no me gusta Bregovic porque haya leído su vida y milagros, o porque ideológicamente me pueda identificar con alguna película de Kusturica. Me gusta ¡porque un día al fin me atreví a escuchar el disco entero! Y disfruté como un enano, y luego estuve casi tres meses escuchándolo todas las semanas, porque me encantaba.

Es la experiencia, la propia experiencia lo que permite evolucionar de verdad y desarrollar el gusto. No las referencias indirectas, que pueden servir tanto para acercar como para alejar. Pero creo que "dejarse llevar", escucharse, SENTIR es lo primordial. Y si no sientes nada, o sientes que no te gusta una obra supuestamente genial, pues a buscar otra que te guste de verdad, que la vida es demasiado corta para gastarla "haciendo los deberes" estéticos.

Passy dijo...

Gracias.

Quod erat demonstrandum:

1. Goya; Eliminación de los sujetos en favor de una cuadrado de luz (emocionante, desde luego, pero digno de un buen conocedor de la abstracción.)

2.Picasso: comparación con ideas preconcebidas del color. Gamas de grises y concepto de degradado. Idea abstracta de religión aplicada a la pintura.

3.Durero: localización geográfica.


No es tan fácil. La enorme emoción que nos produce la buena pintura, (una para unos otra para otros) no depende sólo de una revelación exenta, purísima e incontaminada. Allá donde vamos, allá donde creemos que que la mayor de las sorpresas nos asalta, se despliegan al mismo tiempo todos los mecanismos del conocimiento, los recuerdos y las relaciones. Y memos mal que es así. No sabe usted cómo temo a la vejez; al desgaste del cerebro.

Ha sido un verdadero placer. Siga con ese espíritu indomable. Tal vez no le granjee amigos pero le hará sentirse muy vivo.

Cordialmente,

Por cierto: a mi tampoco me gustan las esculturas que usted criticaba hace ya un año en su blog. Las esculturas que hoy se plantan en las ciudades suelen estar abocadas al fracaso en un porcentaje importante.

Anxova dijo...

No estoy de acuerdo en una cosa: que se pueda sacar eso de lo que digo es normal, porque LO DIGO. No soy poeta para poder expresar con el lenguaje lo inefable, lo que no es posible expresar con el lenguaje.

Lógicamente, en el recuerdo, uno relaciona todo. Pero cuando digo "exactitud germánica" hablando de Durero no lo digo porque Durero sea alemán. He sido aficionado a la fotografía, y soy un gran amante de las cámaras de fotos antiguas alemanas. Simplemente, la exactitud de Durero, esa extremada precisión en el trazo que hace que lo envidie, me recuerda a las maquinarias alemanas, bien construidas. Es una simple comparación, aunque por desgracia para su "examen" coincida con la localización geográfica del autor. En realidad de Durero me emociona esa naturaleza contradictoria: dureza en la precisión contra delicadeza, ambas muy perceptibles para mí.

Es que no puedo hacer una fusión vulcaniana, como las de Star Trek, para poder mostrar exactamente lo que sentí con cada uno, y tengo que recurrir al lenguaje, y a asociaciones y comparaciones. No creo exactamente que se trate de "una revelación exenta, purísima e incontaminada", sino sólo de sensaciones, sensaciones visuales.

Como nos estamos expresando verbalmente, tengo que recurrir a las "imágenes" literarias, que a su vez son reinterpretadas según sus propias asociaciones mentales y su propio lenguaje literario. Estoy de acuerdo con eso de "Y menos mal que es así", porque a pesar de todo nos vamos entendiendo. Pero en mi opinión, no es que mis sensaciones visuales incluyan conceptos verbales -mi creencia en la sinestesia inversa es limitada- sino que forzosamente expreso mis sensaciones visuales mediante los conceptos verbales que intentan traducirlas de manera incompleta.

Es este un problema harto conocido y peliagudo, y ambas posturas tienen defensores, como es evidente.

Pero ya digo, yo soy un "animal" bastante "visual", y siento más que utilizo imágenes en mis palabras que palabras en mis imágenes. En este sentido es interesante leer el archiconocido "Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro", de Betty Edwards, que lo expresa con bastante claridad.

Passy dijo...

En efecto, es un buen libro. Aunque no es la biblia. Sobre todo para los zurdos contrariados que, casi a nuestro pesar o de forma inconsciente, hemos desarrollado "habilidades" que entran más en el ámbito de la resistencia que en el de la exploración.

Me quedaría un rato charlando acerca de esto que dice sobre "Como nos estamos expresando verbalmente, tengo que recurrir a las "imágenes" literarias..." pero debo ausentarme. Además, creo que estoy abusando (los comentarios -dicen los que saben- deben ser cortos)y el asunto, como usted dice, está muy manido.

De todas formas, estoy convencido de que llegaríamos a un punto, o al menos a una zona intermedia en la que nos entenderíamos sin problemas.

Gracias por su tiempo.

Atentamente,

mariano dijo...

No creo que esta polémica tenga realmente razón de ser, porque en las dos partes hay razones y no son antagónicas en absoluto.
La percepción depende en gran medida de la experiencia. Nadie es virgen cuando mira una obra de arte (ni cuando mira cualquier otra cosa) a no ser que tenga unos días de edad. Su percepción está mediatizada, en primer lugar, por sus propias vivencias, y por los conocimientos previos que pueden venir de muchas fuentes, entre ellas, por supuesto, de los libros.
Esto no es opuesto para nada al goce estético del que creo que habla Anxo. No creo que se trate de una experiencia virginal y necesariamente autónoma. pOR supuesto que depende de muchos otros parámetros y es siempre una visión SUBJETIVa, asociada a todo lo que una persona lleva dentro (y fuera).
El problema es cuando SE DA POR HECHO que para percibir el arrebato estético ante una obra de arte ES NECESARIA la intermediación teórica en todo caso, y menos una teoría standar y homogénea, válida para todo el mundo.
La sensibilidad no es algo ajeno a la persona, es algo que está dentro de ella, y que por tanto, es constantemente moldeado por la trayectoria vital de la persona, y de la propia sociedad.
Pero de pensar que la sensibilidad está influenciada por muchas cosas, a pensar que es DEPENDIENTE directa de ellas hay un mundo.

anarkasis dijo...

emotivos comentarios, tanto que pareciera que no hablan de lo mismo, no obstante lo hacen, (supongo)

alguna intromisión externa más,
las obras, no se entregan con un manual explicativo, y encima ahora es que ni les ponen título, juas-juas...

el objeto de las obras rara vez fue, ahora un poco más es,
emocionar,
quizás muchas más tenían el fin de provocar el deseo, simplemente intentaban tapar un hueco, o rellenar el vacío de una enorme pared, incluso hacer publicidad...,
que ahora nos emocionemos con ellas es algo que, ¡¡!! probablemente, ni se le pasó por la cabeza al ejecutor, peor aún, y más grave es: que la obra que se ha creado para tal fin se nos pase desapercibida, incluso para gente muy entrenada, (yo aún no me incluyo), aunque lo intento
http://www.anarkasis.com/percepcion/

te sueltan un
- joder!, y estaba allí??, ni me dí cuenta.

y por fín el asunto e-conómico, todo crítico y toda linea tiene unas preferencias, unas preferencias por unos, y unas determinadas obras, donde unos quedan ensalzados y otros vituperados dependiendo de los intereses de sus respectivos clubs de compra, y que necesitan que les voceen el valor de sus obras, que son quienes pagan el trabajo de
Panofsky, Gombrich, Kandinsky, Arnheim..., Los voceros que ustedes citan,.., tienen, lagunas muy obscuras, que hay que reexplicar, y lupas excesivamente pasadas de aumentos con determinadas personajes u, obras, tanto que cabe pensar que: el autor ni de coña se le ocurrió pensar ni la cuarta parte de lo que explican, pero como el autor, no nos dejó la obra con las indicaciones ni se va a levantar de la tumba aunque esté descojonándose no lograremos hacer sonrojar a tan atrevidos comentaristas,
esto,... he perdido el hilo. ¿de que estábamos hablando?, yo de furbol.