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domingo, 17 de julio de 2011

Qué complicado se está poniendo escandalizar...

La gente del arte contemporáneo en su momento aprendió que los vanguardistas triunfaron porque "escandalizaban". En una sociedad en la que ya nada sorprende ni escandaliza, saturados de noticias espantosas, en la que el arte ya ha agotado el recurso al escándalo de la burguesía (porque son los burgueses entre otras cosas los que se han apropiado del escándalo como entretenimiento), sólo queda "escandalizar" (a la plebe) a base de saltarse la ética y pasar a hacer cosas que despiertan lo poquito que queda de indignación humana al moverse en el terreno de la violencia, la crueldad y la muerte. En su momento el mundo se revolvió con los caballos colgados del techo de Mauricio Cattelan y las vacas partidas a la mitad de Hirst. Luego un tal Habacuc dejó morir de hambre un perro en una "Galería de Arte", ahora una chica cuyo nombre artístico es Tinkebell mata animales para hacer bolsos y juguetes como nueva genialidad del maravilloso arte contemporáneo. En el Facebook he encontrado esta galería de fotos en la que puede leerse este texto, que explica la "obra" de la muchacha:

"[...]Realizó una cartera/bolso con su gata llamada "Pinkeltje". Si. Leyeron bien. MATÓ A SU GATA PARA HACERSE UN BOLSO CON ELLA porque dijo que "su gata se deprimía cuando se quedaba sola y de esa forma podía llevarla con ella" (sic) Colgó las instrucciones de como hacer un bolsón con su gato en su facebook, pagina, y tambien en youtube. Y fue desde ese bolso hasta la construcción de pollitos a cuerda, hamsters hechos peluches, perros como juguetes, con ruedas.[...]"
Cuando la sociedad ya haya digerido este nuevo grado de brutalidad como sinónimo de arte contemporáneo, poco más quedará que transgredir en el abuso y la violencia hacia los animales. Se seguirá por ese camino de utilizar el sufrimiento y la muerte como medio para llamar la atención, pero llegará un momento en el que, agotado el umbral de la crueldad hacia los animales, se pase a nuestra propia especie. Este paso empieza a darse tímidamente con genios de la contemporaneidad que ya buscan ese rescoldo de escándalo utilizando cadáveres. Hace relativamente poco un chino se comió un feto humano en un programa de la televisión inglesa.


Este umbral del uso de cadáveres como "obras de arte contemporáneo" será superado muy pronto. El tabú del abuso de cadáveres empieza a romperse en todo el mundo, a base de titulares y de series como "CSI", "Bones", etc. ¿Qué hacer entonces? Muy sencillo, los artistas contemporáneos más "chic" serán entonces los que ultrajen o mutilen seres humanos vivos en sus performances e instalaciones, en tiempos de crisis seguro que hay gente dispuesta a latigazos o incluso a que les sierren un brazo por dinero. Este umbral con el tiempo también será superado, y al final, tal y como predijimos Mariano, Carmen y yo hace 16 años en las revistas de la ACME, lo único que le quedará a los magnates del "arte contemporáneo" para seguir utilizando el recurso al escándalo será asesinar personas como "crítica" contra vaya usted a saber qué, la crueldad humana, el doble rasero de los políticos, la caza de ballenas en los mares del Japón o cualquier otro tema de "protesta enérgica" políticamente correcto. Los asesinos en serie disfrutarán de impunidad para hacer su "trabajo" en los sacrosantos templos del maravilloso "Arte Contemporáneo".

Eso sí, entonces el arte contemporáneo ya habrá perdido la poquita credibilidad que aún le queda, y seguramente, como la gente cabreada no suele pararse a hacer distingos, masas enfurecidas acabarán con críticos, artistas, galerías y museos, quemando por igual las farsas del conceptualismo y los cuadros de Leonardo da Vinci. El arte será prohibido por ley durante décadas y la confusión en la que los supuestos entendidos han ido metiendo a todo el mundo sobre la naturaleza del arte para poder meter en los libros de arte a Kosuth, Beuys o Hirst junto a Velázquez conseguirá que durante mucho tiempo el arte no levante cabeza, haciendo ciertos los sueños húmedos de estos grandes teóricos que se aferran emocionados a la tontá de "la muerte del arte" para parecer un poquito más cultos e interesantes que los demás.

viernes, 8 de julio de 2011

El robo del Códice Calixtino


Ayer saltó a los medios la noticia de que ha sido "hurtado" el Códice Calixtino, un códice medieval, la joya del patrimonio jacobeo.

Es una pérdida tan enorme para el patrimonio histórico-artístico gallego y español que la noticia tiene flecos surrealistas. El códice no estaba asegurado, y la vigilancia sobre él dejaba tanto que desear, que se supone fue robado hace una semana sin que nadie reparase en ello. Da mucho que pensar el que una joya semejante tuviese tan poca vigilancia y tan poca previsión ante los desastres.

¿Cómo acabará esta historia? Pues especulen vuesas mercedes. El robo puede ser obra de un aficionado o de un profesional. Tanto puede ser que al final el códice reaparezca intacto como que comiencen a aparecer páginas recortadas por doquier. O que nunca más se sepa.

Yo conocía este códice por la música y por la historia del arte, es la referencia absoluta cuando se necesitan fuentes sobre la Ruta Jacobea. Mis sentimientos oscilan entre el cabreo y la impotencia, el disgusto...

Vivimos una muy mala época para el patrimonio histórico-artístico, probablemente fruto del poco aprecio que tiene el arte y la historia en nuestra sociedad. La pérdida de patrimonio histórico-artístico en todo el mundo solamente tiene parangón con la pérdida del patrimonio natural. Del mismo modo que cada año se pierden hectáreas de bosques amazónicos, el mundo ha asistido indolente a la pérdida de obras irrepetibles del patrimonio afgano o iraquí... y a diferencia de otras épocas, esta pérdida no se ve compensada por la nueva plantación de árboles o por la nueva creación de obras de arte. El paralelismo es aterrador, pero mientras que el ecologismo supone una tendencia política pujante e indiscutible a nivel mundial, los únicos intentos de toma de posición contra esta situación en el arte provienen de iniciativas todavía minoritarias, como nuestro hartismo, el stuckismo o las muy dispersas asociaciones pro-patrimonio, pero la visión más oficialista del mundo del arte ¡toma la misma destrucción de patrimonio artístico como hecho artístico! (1) (2) (3)

En fin... os dejo con estas reflexiones.

Si queréis leer un buen artículo sobre el que ya se denomina "el robo del siglo" (no entiendo la necesidad de felicitar así a los hijos de puta) tenéis aquí el enlace a Hoyesarte.

jueves, 24 de abril de 2008

Las ideas estropean la pintura

Ángel González GarcíaEsta frase no es mía -aunque me gustaría- sino de Ángel González García, un historiador del arte, que acaba de publicar un libro titulado "Pintar sin tener ni idea".

Conocí esto gracias a una de mis alumnas de "Saber Ver el Arte", que me trajo una entrevista que le hicieron en El País.

La entrevista podéis leerla aquí. Me ha encantado. Chapeau por Ángel González. Por cierto, ya sabéis qué libro quiero para mi cumpleaños...

De esto mismo ya se ha hablado mucho, pero en la entrevista -e imagino que aún más en el libro- el profesor Ángel González profundiza en ello más allá de lo que ya argumentaba Tom Wolfe en su libro "La palabra pintada". El pintor Pepe Cerdá, cuyo blog enlazo yo, justo tiene ahora una entrada titulada "¡No pienses!¡Trabaja!". Y no os podéis imaginar la de años que llevo diciéndoles esto mismo a mis alumnos: "Los pintores no pensamos". Laxeiro lo expresaba como "Los pintores no somos intelectuales". Otra versión de esta idea es la famosa cita "Yo no busco, encuentro", de Picasso, o más humildemente, la de mi amigo Juan, referida a un conocido suyo que tenía dudas existenciales con respecto a la pintura: "¡Pues si no te gusta pintar, haz oposiciones!".

No puedo evitar sentirme eufórico, al ver que no estoy solo contra el mundo.

miércoles, 2 de abril de 2008

Provocación y violencia

Cartel fascista de Marinetti, el padre del FuturismoEsta es -casi sin cambios- una respuesta que dejé en el blog del tipo que mata perros. Como de sobra es conocido su nombre y no quiero darle más publicidad, sustituyo su nombre por las siglas MP (Mediocre Psicópata).

Lo siento por MP y sus defensores, pero voy a hacer una o dos referencias culturales, con lo cual es probable que ellos no entiendan nada:

Realmente el elemento violento, que se quiere legitimar con el precedente histórico del Manifiesto Futurista de Marinetti, está muy, pero que muy presente en todo lo que los ADMEs (admiradores de mierda enlatada) "hacen" y dicen desde hace casi un siglo.

Ni siquiera es novedoso. Violencia era la que exhibían algunos espectáculos Dadá como los del Café Voltaire. Violencia de grupos como el mencionado futurismo, muy próximo -y no es casualidad- al fascismo italiano. Violencia incluso de los surrealistas, basta ver el por momentos increíblemente desagradable film "un perro andaluz" de Buñuel y Dalí.

portada del libroPero con los epígonos que repitieron exactamente las mismas cosas en los años 50 y 60, cuando los que manejaban el mercado decidieron resucitar las vanguardias, y más tarde, cuando de nuevo se resucitaron las neovanguardias de los 60 durante los 80 y 90, o ahora, que es ya la cuarta reencarnación por lo menos, de Dadá, la violencia ya no sólo es un tema principal. Básicamente es EL tema.

Se cree que la provocación es el motor del arte, y se confunde provocación con violencia. Cuando el cociente intelectual es muy bajo, y no hay trabajo ni reflexión alguna detrás de los "productos" a la venta, es fácil caer en errores así. Y a base de simpatizar con la violencia esta gente ¡tan sutiles ellos! ya ha llegado al sadismo: disfrutan con ello.

ruan.jpgPor eso las obras más "famosas" -si es que salir en la prensa especializada es lograr fama- de nuestro flamante arte contemporáneo oficial son vacas muertas a martillazos, tiburones en formol, calaveras con diamantes, terneros partidos por la mitad, caballos muertos colgando del techo, chinos que comen fetos humanos, muñecos de Fidel Castro como zombi, y otras lindezas. En este contexto, el perrito de MP es sólo más de lo mismo. Previsible.

Uno de los comentarios -sin duda lo único bueno del blog de MP- decía:
"Dice la autora del articulo [Rosa Pereda],"En España no es raro que los maltratadores de animales denunciados, lo sean también de su mujer y de sus hijos. Vean las sentencias. Y que, muchas veces, maten al perro, o al gato, como ejemplo. Como aviso."
No se puede mostrar la imagen “http://www.polkadot.it/wp-content/uploads/2006/giugno06/puma.jpg” porque contiene errores.Y en esas estamos. Del mismo modo que los talibanes, que despreciaron y destruyeron el arte de su país, desprecian mucho más la vida, y su gobierno fue de los más sangrientos y represores de la historia reciente, no hay mucha diferencia entre destruir una serie antigua de grabados de Goya para hacer una supuesta "obra" o matar un animal por la misma razón. Cuando se pierde el respeto por el arte y se atenta contra él, hace tiempo ya que se ha perdido el respeto por todo lo demás, incluida la vida.

http://www.tate.org.uk/tateetc/issue8/images/goya_giganticfun.jpgSi lo pensamos bien, vivimos en la época del supremo desprecio al arte (época del anti-arte como arte oficial). Tengo miedo de lo que esto significa; no me extrañaría que en un par de años se "descubra" a los psicho-killers como artistas en algún pifostio tipo Documenta de Kassel o Premio Turner de Londres, y luego veamos en todas las galerías que se precien gente muriendo en directo con sus vísceras esparcidas -muy artísticamente, eso sí- por el suelo: en realidad, para "denunciar" la violencia de nuestra sociedad burguesa actual, claro.

domingo, 30 de marzo de 2008

Los Budas de Bāmiyān

En este mes de Marzo se cumplen 7 años de la destrucción de los preciosos Budas de Bamiyán a manos de los Talibanes. Nadie movió un dedo para evitarlo.
Imagen:Buddha Bamiyan Riviere.jpgFue la primera destrucción total de la historia y el arte de un país que tuvo lugar en este triste siglo de destrucciones intencionadas del Patrimonio artístico e histórico. La belleza no sólo es rechazada, es eliminada, y con ella la memoria de los pueblos.

Desgraciadamente, lo impensable, la destrucción de todos los vestigios de la antigua Mesopotamia, tuvo lugar poco después. Y nuevamente, las huestes de Bush andaban por ahí, con la vergüenza añadida de que nuestro gobierno, entonces liderado por J. M. Aznar, participó en la masacre. http://www.rawa.org/museum.jpg

La voladura de los grandes Budas de Bāmiyān no fue más que lo más visible de la aniquilación furibunda de todo el riquísimo patrimonio, único e irrepetible, del arte greco-budista afgano, el más brillante de esas latitudes. La destrucción sistemática y salvaje del Museo de Kabul fue el otro triste hito. Pero hasta las cuevas pintadas entre los siglos III y VIII se destrozaron una a una, rascando las capas de yeso o quemando neumáticos para ennegrecer los frescos milenarios. La excavación -en proceso- del templo de Hadda, donde el mismo Alejandro Magno aparecía rezando a Buda también desapareció para siempre.

Imagen:GandharanAtlas.JPGY dos años después, este asesinato, regado con la sangre de miles de inocentes, tuvo su eco en la larvada tragedia de Iraq, de la que aún hoy no se sabe a ciencia cierta a qué fueron allí los americanos, con el apoyo de tantos gobiernos pelotas e irresponsables, entre ellos el de nuestro orgulloso psicópata del bigote sensual.

Merced a estas caprichosas puestas en práctica de la ley del chulo del patio del colegio, hoy tenemos mucho que lamentar; cientos de miles de muertos, epidemias, pobreza, caos, nuevos viveros del terrorismo, desolación y desesperanza en general...

Pero además, tenemos que lamentar dos grandes pérdidas: ya no existe el arte greco-budista ni tampoco el mesopotámico, más que por restos fragmentarios que como botín de guerra exhiben algunos museos occidentales.

Es un aniversario muy triste.

viernes, 11 de enero de 2008

El Rinoceronte de Durero

Existe un mito, en el que yo mismo creí durante mucho tiempo, según el cual el arte imita a la naturaleza. Pero el estudio de los pintores antiguos, mal que me pesara, me convenció de que esto es un simple mito. Muy bello, y puede que hasta tenga valor en Filosofía, pero las salas de un gran museo nos demuestran a cada paso que no es así. Si hay algo común a todas las épocas es que los pintores, como decía Gombrich, aprenden de otros pintores. La Naturaleza, mal que nos pese, apenas inspira al arte. La tradición, tantas veces maldecida, es la columna vertebral del arte.

Una demostración muy curiosa la tenemos en el famoso caso del Rinoceronte de Durero.

El Rinoceronte, como otros animales exóticos, era conocido en Europa por relatos casi legendarios. Se sabía de su existencia, pero muy raramente algún europeo había podido ver uno realmente.

En 1515, partiendo de una somera descripción y un pequeño boceto ajeno, Durero talló una xilografía en la que representó al animal. Lo curioso es que esta representación, tan poco fiel, pues representa una especie de armadura con remaches en lugar de la piel, fue tenida por modelo a seguir hasta bien entrado el siglo XVIII, e incluso después. Y eso a pesar de que ya en 1579 vivía en Madrid un rinoceronte, o que se llevó otro a Londres en 1684. Según escribe Gombrich:
"(...) Y sin embargo se ha demostrado que esa criatura mitad inventada sirvió de modelo para todas las imágenes del rinoceronte, incluso en libros de historia natural, hasta el siglo XVIII. Cuando, en 1790, James Bruce publicó un dibujo del animal (ilustración 57) en Travels to Discover the Source of the Nile, mostró con arrogancia que lo sabía muy bien:

«El animal representado en este dibujo es natural de Cherkin, cerca de Ras el Fil [...] siendo el primer dibujo de un rinoceronte de dos cuernos que jamás se haya presentado al público. La primera figura del rinoceronte asiático, la especie con un solo cuerno, la pintó Alberto Durero, del natural. [...] Estaba asombrosamente mal ejecutada en todas sus partes, y fue origen de todas las monstruosas formas bajo las cuales se ha pintado a aquel animal, desde entonces. [...] Varios filósofos modernos lo han corregido en nuestros días; Mr. Parsons, Mr. Edwards y el conde de Buffon han dado buenas imágenes del natural; cierto que tienen algunos defectos, debidos sobre todo a los prejuicios preconcebidos y a la falta de atención. [...] Éste [...] es el primero con dos cuernos publicado, está dibujado del natural, y es africano.»

Si hiciera falta una prueba de que la diferencia entre el dibujante medieval y su sucesor del siglo XVIII es sólo de grado, aquí se la podría encontrar. Porque la ilustración, presentada con tanto alarde, no está ni mucho menos libre de «prejuicios preconcebidos» ni del obsesivo recuerdo del grabado de Durero. No sabemos exactamente qué especie de rinoceronte vio el artista en Ras el Fil, y es pues posible que no sea del todo equitativa la comparación de su dibujo con una fotografía tomada en África (ilustración 58). Pero me dicen que ninguna especie conocida por los zoólogos corresponde al grabado que se pretende tomado al vif."

La tradición, en este ejemplo, se muestra con todo su poder. Tozudamente los pintores continúan en sus errores pese a tener delante la bestia. Los remaches de Durero, fruto del genio del maestro, se fijan con gran fuerza en nuestra mente y dejan una impresión duradera.

La tradición no es la Panacea ni tampoco una lacra que la bendita vanguardia haya por fin matado. Por más que la queramos negar, está ahí siempre, con lo bueno y con lo malo. Cuando se olvidan tradiciones milenarias, otras nuevas tradiciones las sustituyen, y con el tiempo, si se dan las condiciones, llegarán de nuevo a ser milenarias. La tradición es consustancial a nuestra especie. Aparece incluso en las tecnologías punta, como los ordenadores o los teléfonos móviles. Por ejemplo ¿alguien sabe por qué dejamos que se descarguen completamente las baterías de litio antes de recargarlas?

Los artistas necesitan beber siempre de una tradición. Stravinsky decía "quien se opone al apoyo se opone al movimiento". La tradición es precisamente el punto de apoyo que sirve de referencia para el cambio en el arte. Negar la tradición es negar también la evolución, transformación, la vida misma del arte.

Creo, francamente, que no hay nada más tonto, ni más tradicional -en el mal sentido- que negar las tradiciones.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Arte y Publicidad

Hace poco, en el blog de Carmen Martín, mi mujer, un troll anónimo sacaba el tema de la publicidad con respecto a la pintura. Decía, demostrando una exquisita educación, que estábamos más interesados hacernos publicidad que en pintar.

Creo que teniendo en cuenta el ritmo de producción de Carmen, él mismo se desautorizó. Quizá en mi blog no sea tan evidente saber a qué me dedico, pues aquí escribo mucho pero enseño poco mi obra, y esto no es lo habitual en los blogs de pintores.

No obstante, en breve os bombardearé con lo que estoy haciendo ahora, aunque son papeles grandes y me lleva tiempo digitalizarlos, porque sólo puedo escanearlos a trozos, en las fotos no salen bien...

Yo le dije al troll que la publicidad es una parte más del oficio. No es ya que guste más o menos, sino que viene en el lote. Es más:

Hoy día, con la gran cantidad -y calidad- de pintores que hay, y sobre todo teniendo en cuenta lo despreciada que está la pintura por los poderes, la publicidad no sólo es recomendable para los pintores. Es imprescindible. Si quiero que mi obra se conozca -y por tanto, se venda- debo difundirla, debo mostrarla por todos los medios posibles. Internet tiene la ventaja de ser ubicuo, de estar a disposición de cualquiera que tenga un ordenador y un teléfono. Y encima se ve en todo el Planeta. Del mismo modo que Leonardo escribía su carta a Ludovico el Moro hoy los artistas hacemos o encargamos webs. Una de mis actividades habituales es redactar notas de prensa. A veces el trabajo informático me roba mucho tiempo, y no me queda tiempo para pintar... pero seamos sinceros. Es necesario hacerlo, y además me gusta, e intento sacarle jugo artístico a la realización de carteles, logotipos, calendarios...

Si uno quiere vivir de lo que pinta hace falta que se mueva, que enseñe lo que hace, que sea pesado, que incluya su web y la de su mujer en el sitio más inesperado, que se haga publicidad y convenza a todos de que su obra es la mejor. Aunque claro, hay que tener esa obra, hay que haberla hecho para poder venderla y venderse como artista.

Hay personas retraídas, entre ellas muchos adolescentes, que pintan "para sí". No enseñan sus dibujos o cuadros a nadie. Puede que haya muchos genios retraídos, pero la Historia suele prescindir de sus servicios...

Puede que a algún romántico de los que todavía quedan le parezca que soy excesivamente crudo, que hablo sin empacho de vender y vendernos. Pero a estos les rogaría que revisen los libros de historia:

Los pintores -y todos los demás- siempre hemos necesitado dinero para vivir. También los genios, sí. Esa figura del artista bohemio, que vive frugalmente y con dificultades y concibe su profesión como "el arte por el arte" es un mito. Y un mito interesado, diría.

Los bohemios eran normalmente gente sin demasiados apuros económicos. Procedían de familias acomodadas, y si se cansaban de pintar -hubo muchos, pero lógicamente no son conocidos- volvían al seno materno y en paz. Los bohemios de hoy están en la misma situación. A poco que uno escarbe encuentra hijos de concejales, de industriales, de famosos...

Yo odio esas imágenes del siglo XIX. Por culpa de la bohemia y del arte por el arte los artistas han dejado de ser respetados por la Sociedad.

Es evidente que el artista es un tipo -o una tipa- que tiene la necesidad (casi) fisiológica de pintar, esculpir, hacer cine... pero por eso mismo debe buscar la manera de sacar partido a su habilidad, a su "don", creando cosas que puedan ser compradas. Necesitamos que nuestra obra se compre para poder seguir metidos en este ensimismamiento que es el arte. Y para ello necesitamos que se conozca y se admire. Esto no quiere decir renunciar a la libertad, hacer "arte alimenticio" o "comercial" sin arte ni nada. No. Se trata de lograr que te encarguen lo que a ti te gusta hacer. Es sorprendente lo que los ricos pueden llegar a encargar. La prueba la tenemos en los libros de historia. Los caprichos de los millonarios pueden ser de lo más extravagante, y de lo más estimulante para un artista. Pero también la gente de a pie que compra arte puede llegar a comprar lo que a uno le gusta hacer, si sabe venderlo. Está claro que no todos somos genios del marketing como Dalí o Picasso. Pero se puede llegar a vender razonablemente bien si el producto vale la pena, si tiene calidad. Incluso aunque los números se nos atasquen, como es mi caso o el de mi mujer. Pero centrémonos en el tema...

Desde que aparecieron estas ideas, del arte por el arte y de la bohemia, el mundo del arte empezó a "amateurizarse". El artista ya no era un señor que hacía trabajos para el cliente potencial, para el público, en su taller, sino un aficionado, un amador (esto es lo que significa amateur, y es justo la palabra en portugués), que pintaba por el gusto de pintar y nada más. Si luego tenía éxito, mejor. Pero su heroicidad aumentaba al pintar si se lo comían los piojos y moría en la miseria.

Yo pienso: bastante desgracia es nacer artista. Necesitamos tener la mente ocupada en el arte -nada peor que un artista frustrado- todo el día. Si encima eres tan estúpido de no buscar la manera de colocar tus cosas y vivir de ello...

El arte por el arte ha llevado a que la individualidad o las rarezas de los artistas sean respetadas por encima de todo. El artista pasa a ser un loco genial. Los pocos elegidos que la oficialidad protege hacen lo que les da la real gana.

Aunque si eres un elegido -e imagino que llegar a ser un elegido a nivel local o regional no debe ser muy complicado- eso es muy tentador, yo lo desprecio. No me gusta. Creo que intervienen valores -como la habilidad en el peloteo o la capacidad chupapollística- ajenos por completo al mundo del arte. El arte, como el cine, debería ser subvencionado mediante concurso público, en el que la obra final fuese juzgada por el público en general. Con transparencia. Como bien dice Mariano Casas en su blog:

Existe una ley (que tampoco es extraño que se incumpla por aquí) que dice que cualquier obra pública que supere un presupuesto de 12000 euros (2 millones de pesetas) debe ser sometida a concurso público.
Hay muchos ARTISTAS que han vendido su obra a edificios públicos por mucho más dinero, y sin embargo, yo no tengo noticias de que jamás se hiciese un concurso público de adquisición de obra artistica, mientras sí se hacen concursos para arquitectos, por ejemplo.
Si ya existen corruptelas entre los arquitectos y constructoras (en Mugardos se investiga ahora una ), habiendo unas leyes claras ,¿como no las va a haber en el ARTE, cuando la supuesta esencia etérea de ese concepto hace que los políticos no se atrevan a legislar como una actividad más?.
En definitiva, es la propia opacidad del "sector artístico" la que lo hace corrupto.
Otra barbaridad es la "generosidad" que tan generosamente defendía el ínclito columnista Carlos Barcón respecto a su amigo Felín Nadales (por cierto, el día 31 de diciembre termina el plazo para votar en la encuesta).

Esa generosidad, como decía Mariano también, es interesada. El artista que "regala" sus obras pone un "caramelo" al concejal de turno difícil de rechazar. Un artista profesional de verdad debe cobrar por su trabajo. Si el trabajo es bueno, debe ser pagado justamente. Me comentaba Francisco Pérez Porto, que fue contratado para hacer dos monumentos en Ferrol, y que a cambio da clases gratuitas de cerámica a quien quiera apuntarse en el Concello, que ahora da por descartado su segundo monumento -ya en proceso- pero sobre todo el sueldo que tiene y su taller, porque a los nuevos gobernantes les parece raro que un artista tenga un sueldo por un trabajo que realiza. ¿Y por qué no? ¿Es que vivimos del aire?

El "no cobrar" es malo para el artista -que puede verse defraudado- y para el que contrata. Creo que los gallegos sabemos bien lo que es deber favores, ya en la aldea se nos inculca que no hay nada peor que eso.

Por eso yo defiendo un modelo más profesionalizado del sector artístico. Nosotros realizamos un trabajo que no es -pese a la idea decimonónica- inútil. Se necesitan cuadros, estatuas, edificios, sinfonías, poemas, películas, para diversos usos. Siempre. Y esos trabajos deben ser pagados según su calidad, según su mérito. Lo que vale en todas las demás cosas también vale en nuestra profesión. ¿Por qué no?

El camelo, vender mierda a precio de oro, no es solidario. Beneficia a unos pocos, pero poco a poco está arruinando y desprestigiando a toda la profesión.

Es curioso lo que leí hace poco, sobre la teoría de la estupidez, de Carlo M. Cipolla, porque encaja a la perfección:

Yo propongo volver al modelo de artista INTELIGENTE: el que beneficia a los demás buscando su propio beneficio. Pintar bien y satisfaciendo al público para vivir del talento propio.

Porque el modelo del artista maldito, bohemio, del arte por el arte, es el del artista DESGRACIADO o INCAUTO: Beneficia a los demás, perjudicándose a sí mismo. Es pintar bien pero vivir en la miseria, al no dar a conocer la obra, sino esperar a que alguien la busque.

Y hoy en día, en el arte oficialmente protegido, hemos llegado al modelo del MALVADO o BANDIDO: Perjudicar a los demás para obtener beneficios. Vender la nada o la caca propia, cosas feas, para enriquecerse.

Cuando no directamente ESTÚPIDOS: los que pintan auténticas mierdas -o no pintan- sin llegar a enriquecerse.

Os recomiendo leer atentamente todos los puntos de la teoría de la estupidez. Aunque parece una estupidez, es muy inteligente.

Me enorgullezco, porque uno de sus puntos se parece mucho a lo que yo siempre dije: hay una proporción fija de gilipollas por metro cuadrado, muy abundante, y es constante en cualquier grupo humano que se nos ocurra.

En fin. Yo al menos, pretendo ser INTELIGENTE, e intentaré escapar de las otras tres opciones.

martes, 11 de diciembre de 2007

Pintura Gallega

Recuerdo cuando, a mis 13 añitos, vi un calendario de la Kutxa, cuyas ilustraciones eran cuadros de pintores vascos, con temas genuinamente vascos. Mi desolación fue absoluta: nada, repito, nada, diferenciaba a los fornidos pescadores de los pintores vascos de los fornidos pescadores de los pintores gallegos que yo conocía. Rostros curtidos por el mar, boinas, redes, barquitas, pescados, cuerdas... el repertorio de formas de nuestros pintores, mancillado por unos vascos cualquiera... pero encima, con más calidad, con mejor trazo, colores más firmes, contrastes más atrevidos...

Lo mismo me pasó con el paisajismo catalán. Aunque sigo admirando a Mir sobre todas las cosas, los paisajes de Rigalt, Alsina, etcétera, me parecieron pálidos, pobres, al lado de nuestros despreciados Bello Piñeiro, Sotomayor, Lloréns...

En general, los gallegos, en lugar de explotar lo propio, imitamos a los que creemos más sabios, más avanzados, y copiamos lo que les ha hecho grandes. Con la pintura del siglo XX y fines del XIX se ha calcado el análisis que vale para otras regiones de Europa. Como en París, buscamos nuestro modernismo, nuestro simbolismo, y por supuesto nuestras vanguardias. Por eso algunos pintores, como los que mencioné, quedan fuera de los catálogos razonados. Lloréns o Julia Minguillón, Sotomayor, Bello Piñeiro, son conocidos por los habitantes de sus ciudades de nacimiento o adopción, y por algún que otro estudioso, mientras se inundan los museos con Laxeiros, Pesqueiras, Colmeiros... es evidente que Colmeiro suena más gallego que Lloréns... pero ¿de verdad a alguien le gustan sus cuadros? Me parece el colmo de lo feo, repulsivo, mal hecho... ¡y todo porque vivió en París!

Creo que Galicia no es esencialmente muy diferente de otras partes de España en cuanto a su pintura, pero si algo tenemos de particular, pues quizá sea que no hemos seguido -quizá no hayamos podido seguir- los movimientos internacionales a su tiempo. Si nos olvidásemos de las etapas de Historia del Arte que se estudian en el instituto quizá podríamos hacer una verdadera historia del arte gallego, y destacar a los que importan de veras. Quién sabe, igual hasta descubrimos que Galicia tuvo algún movimiento artístico propio y de gran influencia.

¡Se han escrito tantos libracos gordos de Arte Gallego que al final no dicen nada nuevo, con tantas teorías cogidas de los pelos! ¡Os animo, historiadores del arte, a hacer el trabajo que nadie se ha dignado a hacer y estudiar lo que de verdad ha sucedido, sin preconceptos!

Por cierto. Los cuadros de esta entrada no son gallegos.

viernes, 30 de noviembre de 2007

La Vanguardia Permanente

Uno de los principios que sustentan el anti-arte, arte oficial actual, es el de que la vanguardia, entendida como necesidad de innovación, búsqueda de la originalidad es una condición universal y eterna del arte. Que arte y originalidad vayan indisolublemente unidos es algo que ya cuestioné en otro post anterior (La originalidad como motor del arte).

Según la versión oficial de la Historia del Arte, los principios de originalidad, innovación, se pueden encontrar en el arte en todas y cada una de las etapas históricas y en todos los artistas de relieve.

Es el mito de La Vanguardia Permanente. Sabemos, por la física elemental, que no es posible el movimiento continuo, en el que un impulso inicial empuja infinitamente un mecanismo. El rozamiento, el desgaste, acaban parando, por las pequeñas pérdidas de energía, cualquier mecanismo de perpetuum mobile por ingenioso que sea. Hoy en día los científicos rechazan sin titubear a aquellos que dicen haber inventado la máquina-motor permanente. Suelen ser embaucadores, gente que quiere vivir de una patente dudosa sin dar un palo al agua.

La Vanguardia Permanente responde al mismo principio: Una vanguardia, impulso de renovación, es por definición efímera, poco duradera. Dinamita el terreno para que otros puedan edificar sobre las ruinas humeantes. Pero si la vanguardia sustituyese a la construcción permanentemente, llegaría un momento en el que nada quedaría para dinamitar. Es preciso que haya siempre antes de la vanguardia una etapa de construcción, si no la destrucción no tendría sentido: no podría llevarse a cabo ni serviría para nada. En sí, la idea de renovación, de innovación, está contrapuesta a la de perpetuidad, como es evidente.

El mito de la Vanguardia Permanente, se muestra más falaz todavía si se pretenden explicar con criterios de vanguardia los hechos del pasado artístico. Me explico. De ser cierto que el arte va unido siempre a la originalidad, el arte egipcio no puede ser considerado arte; los egipcios hacían precisamente de la continuidad, de la inmutabilidad de los cánones, su mayor orgullo.

Ni siquiera este impulso de querer repetir, de lograr un lenguaje fijo, clásico, y no la inestable originalidad es exclusivo del arte egipcio. Sin ir más lejos, sigue vivo hoy en nuestros dibujantes adolescentes, que se empeñan en alcanzar y perpetuar las soluciones del cómic japonés -manga- y atesoran con orgullo esa influencia. El estilo manga, aunque nos pese, ha venido para quedarse, y hoy inunda la estética joven en películas, cómics, publicidad... Dígale usted a un chavalín que dibuja guerreros o mariposas estilo manga que sea original, que no copie a los japoneses. No lo entenderá, porque el manga "mola".

En un alarde de prepotencia, pero también de manipulación, o si acaso simpleza, la historia del arte que oficialmente nos presentan, busca elementos genio entendido en el sentido moderno, de originalidad, no ya en Egipto -que también- sino en artistas clásicos como Leonardo, Miguel Ángel, o Rafael, obviando la enorme importancia de los talleres en que cada uno aprendió su oficio, las influencias que recibieron, de sus amistades, las escuelas locales de cada ciudad...

Se pretende que el arte sólo se entienda como la historia de la innovación. Pero no en el sentido técnico, como hicieron los griegos cuando hablaban de la conquista de la mímesis, o Vasari en sus "Vidas", sino como una recopilación de rebeldías y ocurrencias. Se convierte a todos los artistas de la historia en vanguardistas de su época, cuando la idea del "Más difícil todavía", cuando el prestigio de la palabra "nuevo" tiene sentido sólo en nuestro entorno consumista. En el pasado se valoraba más la tradición, el oficio, que la novedad.

Desengañémonos: el adjetivo "nuevo", que tan útil es hoy para vender detergentes o coches, pero también obras de "arte contemporáneo", no se utilizó como reclamo antes del siglo XIX, o si acaso el XVIII, es decir, cuando el arte empezaba a ser mercancía con la que especular. Realmente este adjetivo empieza a ser imprescindible en nuestra profesión con la vanguardia, para atraer a coleccionistas ricos y con poca cultura, que se guiaban de gurús, críticos o entendidos antes de invertir en arte.

Según el criterio hoy en boga, si Goya es importante no es por su fabulosa maestría, imaginación, cultura, por la intensidad de su trazo y la fuerza de sus obras, sino por haber sido precursor del impresionismo. ¿Precursor? ¿No será más bien que influyó en los que vieron sus obras, tanto en su época como mucho después? En esta profesión, los hallazgos afortunados -que no tienen por qué ser novedades, sino simplemente características que se ponen de moda o tienen cierto éxito- son imitados hasta la saciedad por los que vienen después, sean o no discípulos. Es muy significativo que después de Giotto la pintura italiana se transforma, alejándose un poco más del modelo bizantino. Se habla de renovación. Pero en realidad, ¿no estaba Giotto volviendo a una forma de pintura anterior, la de los pintores romanos? ¿no se encontró en Roma con los frescos de Pietro Cavallini, muy diferentes a la pintura que conocía en Florencia? ¿No recibió influencia del clasicismo romano (y del arte de centroeuropa) a través de las esculturas de los Pisano, padre e hijo?

No existe la tan traída y llevada originalidad, sino diversas influencias, y cambios en los gustos a lo largo de los siglos. Si miramos en su conjunto la Edad Media en el arte italiano vemos que los estilos europeos más fuertes, como el románico y el gótico, nunca llegan a cuajar totalmente en el país, que presenta versiones propias, "romanizadas" hasta grados extremos de los estilos internacionales. Lógico, en unas tierras que fueron cuna del Imperio, y en las que las ruinas clásicas eran más abundantes y de más calidad que en ninguna otra parte de Europa.

En cualquier caso, creo que los criterios vanguardistas sólo sirven para la época en que esos criterios influyen en la concepción del arte. Y me da la impresión de que empiezan a no ser válidos ya.

Ilustraciones:
  1. Perpetuum Mobile de Villard de Honnecourt, año 1230.
  2. Desarrollo del Canon Egipcio
  3. Dibujo manga-Disney de Jen Wang
  4. Cuadro picassiano de Jackson Pollock
  5. Bella cabeza pintada al fresco por Pietro Cavallini, en un estilo muy semejante al de Giotto.
  6. "El beso de Judas", una de las escenas de la vida de Jesús en la Capilla Scrovegni, por Giotto.

viernes, 23 de noviembre de 2007

El traje nuevo del emperador

Hace años, desilusionado, asumí que en Bellas Artes en lugar de enseñarnos los secretos del dibujo y la pintura nos enseñarían a odiar el arte y amar la mierda en lata. La impostura de lo que nos "enseñaban" me pareció tan evidente, tan obvia, y la manera de adoctrinar tan abusiva e injusta, que muy a mi pesar decidí dedicar parte de mi tiempo a combatir el engaño, a denunciarlo y hacer lo posible por subvertir el sistema establecido.
En mis tiempos de estudiante colaboré activamente con la revista de la ACME, totalmente proscrita y clandestina, y hoy aporto mi granito de arena con este humilde blog.

Toda ayuda es bienvenida. Mi mujer, ya en la facultad, tomó la decisión, contra la engañifa, de trabajar como una bestia. Eso ahuyenta bastante a los moscones, amigos del vagueo y la subvención, y les hace mucha pupa. Creo que es, al fin y al cabo, lo más útil para luchar contra la impostura en general.

Pero por la razón que sea, otros, como mi amigo Mariano Casas, o yo mismo, necesitamos antes hacer una toma de posición y construcción teórica, que contestase los argumentos del anti-arte. Para vencer era necesario convencer. Aunque realmente, para nosotros, es triste tener que esforzarnos en teorizar, en denunciar los engaños en vez de dedicar todo el tiempo a nuestra carrera artística. Pero no nos queda otra, no podemos esperar a que los expertos denuncien una situación que aunque afecta a toda la Sociedad, es a nosotros, los artistas, a quienes más daño hace.

Desde el primer momento en nuestro grupo de "rebeldes" en Pontevedra, encontramos apoyos en filósofos, artistas actuales, artistas del pasado y gente corriente que opinaba lo mismo que nosotros.

Si hay un símbolo, una referencia conocida por todos y que ilustra a la perfección todo lo que está pasando en el mundo del arte, y en otros aspectos de nuestra sociedad neoliberal y capitalista furibunda, es lo narrado magistralmente por Hans Christian Andersen en su famoso cuento

"El traje nuevo del emperador"

En el enlace tenéis el cuento completo.

Este cuentito infantil deja al descubierto todos los ingredientes del engaño que encierra el mal llamado arte moderno o contemporáneo, al que nosotros preferiríamos llamar arte oficial, pero que para distinguirlo del arte propiamente dicho denominamos, como hacía Duchamp, anti-arte.

En el cuento, los timadores que venden la tela inexistente dicen que es una tela mágica: los que no son adecuados para su cargo o estúpidos creen que no hay nada.

Lo curioso es que con el anti-arte pasa lo mismo: los que no son cultos o no abren su mente no pueden ver qué tiene de artístico una sala vacía, una lata llena de caca, o matar un perro.

Yo debo ser muy inculto y muy cerrado mentalmente porque tampoco lo veo.

Aunque aparentemente lo sencillo es aceptar que el anti-arte es arte, tal y como nos dicen, los hay que por más que nos esforcemos no conseguimos ver arte en él. No somos capaces de aceptar alegremente que el arte actual, como nos dicen las revistas especializadas, es el de esas "cosas" y no lo que nosotros pintamos. No somos capaces de comprender qué tienen en común los autorretratos de Rembrandt o las mujeres desnudas de Modigliani con unas bolsas llenas de periódicos o una foto de hace 50 años con las caras manchadas de rojo.

En este punto, cuando ya estoy a punto de abandonar, porque me empiezo a considerar zafio e inculto, pienso en el cuento de Andersen y me reconforto. Luego, ya más tranquilo, recuerdo la famosa frase de Abraham Lincoln:
“Se puede engañar a una parte de la gente todo el tiempo; se puede engañar a toda la gente una parte del tiempo, pero no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo”.

El arte siempre ha sido un pasatiempo para aristócratas, pues sólo las clases altas podían pagar los servicios de los artistas. Como decía una frase anónima, "el arte tiene amantes pobres y maridos ricos". Pero antiguamente el pueblo admiraba a los grandes artistas. Había un mínimo de calidad, un interés de la élite por conseguir lo mejor, lo más exquisito. Esto lo explica muy bien Mariano Casas en su blog.

Con la llegada del arte contemporáneo, prácticamente desde que empezó a utilizarse el término, es decir, desde el siglo XVIII y el XIX, el arte empezó a ser entendido cada vez por menos gente. La aparición sucesiva del Romanticismo, del Realismo, del Impresionismo y finalmente las Vanguardias Históricas, fue distanciando al arte del público, que cada vez entendía menos lo que se le presentaba. El arte que se fue perfilando como el actual anti-arte en una lenta evolución desde posturas de revival vanguardista, acrecentó la brecha entre público y artistas hasta puntos extremos. Un supuesto arte ultra-elitista, cuyo ejemplo más claro puede ser Damien Hirst, con obras que se valoran en millones de libras, y que consisten en animales muertos y embalsamados parcialmente, calaveras cubiertas de joyas...

La supuesta rebeldía de éste y otros "chicos malos" consiste en vender cosas carísimas a la gente que las puede comprar. Lógicamente, el 99% de los mortales, quedamos fuera de su alcance.

Sorprendentemente, este camino va parejo a la universalización de la Democracia. Pese a su evidente bondad, la democracia sigue siendo gobernada por las mismas clases altas, la misma aristocracia de antaño. Pero ahora, para mantener el poder en las manos de los de siempre, se necesita abrir cada vez más la brecha entre las clases bajas y altas. Como bien señala Mariano Casas en su blog sobre la ESO,

Yo creo que los gobiernos democráticos tienden a tener unos sitemas educativos defectuosos a propósito.
Un amigo, también profesor, planteó esta idea un día, conversando, y a mí me pareció una locura, pero cada día estoy más de acuerdo con él.
En los gobiernos autoritarios la educación directamente se manipula y ya está, como la tele, los medios o todo lo que pueda tener un receptor pensante.
Las democracias no pueden hacer esto, los gobernantes y políticos no pueden usar la enseñanaza como objeto de prolongación de su poder. Así que simplemente la dejan degradarse, y que se cree una sociedad hiperconsumista, con sentido crítico ausente o tendente a cero, y en la que hacer política se limite a gestos vacíos de contenido, dirigidos a una masa carente de juicio válido, y por tanto, manipulable al 100%.
Es como una tiranía incruenta, con una clase política privilegiada, y una plebe adicta a pasar el fin de semana en grandes superficies, y cuyas únicas preocupoaciones son saber en qué equipo correrá Fernando Alonso, o si Raúl irá al mundial.
Sus preocupaciones deberían ser otras, porque de hecho es una masa social que de algún modo vive tiranizada y oprimida, pero que ni siquiera ES CONSCIENTE de ello.

Las décadas previas y posteriores a los años 50 del siglo XX son decisivas para entender como se gestó nuestro mundo actual. En esa época se extendieron dos ideologías: el socialismo y el liberalismo. El socialismo en la Europa de entonces no tenía demasiado que ver con el socialismo real de Rusia o China. Era un ideal, bastante utópico, irrealizable. Pero al menos pretendía contrarrestar la fractura social, que era ya una tendencia muy marcada.
El liberalismo, en cambio, justificaba el capitalismo como el mejor sistema, e incluso como el sistema "natural", "único" de regularse la Humanidad. En el fondo, el análisis marxista, también estaba sirviendo de apoyo a estas tesis, al hacer hincapié en los medios de producción.

Todos sabemos qué ideología venció. Hoy día, hasta los partidos socialistas europeos utilizan análisis y políticas económicas de corte liberal o neoliberal. Pertenecen a las internacionales liberales del mismo modo que sus oponentes de derechas. Y si acaso, se diferencian en un mayor peso de la política social, que principalmente les sirve para suavizar una imagen mercadotécnica excesivamente cruda.

Pues bien: en esa época, los artistas se dividían igualmente en dos tendencias: los que pretendían descartar la vanguardia como método, para hacer un arte social y expresionista, en el que entraran de nuevo los sentimientos. Se quería devolver el arte al pueblo, es decir, hacer un arte de masas.
Enfrente, estaban los que se asentaban en el método vanguardista -que tan buenos dividendos había dado a la primera generación de artistas modernos- y no se preocupaban del público sino de la élite que les daba las ganancias.

En realidad los artistas no se daban mucha cuenta de esto, para ellos era una cuestión de libertad individual, como para los empresarios el triunfo del liberalismo supone alcanzar cotas de libertad reales. Liberalismo económico -es decir, desarrollo sin cortapisas del capitalismo- y Anti-arte -desarrollo sin cortapisas de la vanguardia- han ido parejos, y se han apoyado mutuamente.
El anti-arte, aprovechando el prestigio cultural y contracultural del arte de vanguardia, se utiliza para limpiar la imagen excesivamente inhumana y maquinal del liberalismo económico.
El liberalismo se utiliza para justificar la vitalidad y la calidad del anti-arte, pues se supone que en un sistema capitalista, liberal, democrático, lo que funciona económicamente lo hace por deseo expreso del pueblo, que sabe lo que es bueno y lo pide, y no por un empeño del poder.

Pero esto no deja de ser una falacia más o menos ingeniosa. Ni el liberalismo es un sistema neutral o natural, no dirigido, ni todo lo que el sistema nos vende es real, bueno o está vivo. El sistema, a poco que lo analicemos, necesita crear en nosotros, constantemente, necesidades ficticias -por ejemplo, cambiar de móvil cada seis meses- porque se sustenta en el consumo, en el despilfarro. No puede haber nada menos natural, nada más intencionado, nada más dirigido.

Una típica polémica falaz de este estilo es la de la telebasura. Los directivos de televisión justifican la emisión de telebasura no por sus motivos reales (es mucho más barato producir programas de telebasura que cualquier otro tipo de programas) sino diciendo: "La gente es lo que pide. Los índices de audiencia lo demuestran".

Quitando que las cadenas de televisión no están obligadas a emitir siempre lo que tiene más audiencia, quitando que pueden influir notablemente en la audiencia de los programas mediante marketing, quitando que los programas de telebasura tampoco son siempre éxitos -aún recuerdo la retirada de El Bus o de Escuela de Actores- hay una razón más: la gente no puede pedir nada, ve lo que se emite. Si emites mierda, verán mierda. Yo mismo he visto alguna vez, hipnotizado, la teletienda. ¿Quién no?

Lo que está muy claro es que la élite necesita una masa manejable, y por tanto, dormida. Se cuentan miles de mentiras, a cada cual más gorda, y nadie mueve un dedo. ¿Miedo? Peor, acomodación. Como bien señaló Marcuse, la alienación está enfocada en la conciencia misma del hombre moderno, y por tanto no hay forma alguna de escapar a la coacción (de la Wikipedia). En la aséptica "V de Vendetta" se muestra una distopía que no es más que la caricatura de nuestra sociedad, y no deja de parecer ingenuo ver cómo un solo hombre consigue desbaratarla, del mismo modo que en el cuento de Andersen un niño basta para que todos se den cuenta del engaño.

Pero a pesar de todo, yo no pierdo la esperanza.

La necesidad de ser un arte para la élite, ha sido desde luego una de las claves del éxito del anti-arte. Pero ahora, eso mismo precipitará su hundimiento.

Para entender por qué lo digo, pensemos en el low-cost. Aunque la élite tiene maravillosos productos de primera línea, como Porsches, Ferraris, televisores de plasma, ropa de Armani, Manolo's, etcétera, el sistema produce productos de imitación, de segundas marcas, que tienen un precio muchísimo más bajo. De este modo la plebe mejora un grado más su bienestar paralizante, y olvida su opresión, el engaño en el que vive. Aunque sólo la plebe se lo cree, la élite sigue viéndolos como plebe. Leamos un texto de Rafael Reig (extraído de Escolar.net):

Los ricos de verdad serán muchas cosas, pero idiotas del todo no son. Una camisa parecida a la que llevan no les va a engañar, se lo aseguro. Tienen esa cualidad tan sorprendente que Monterroso ya detectó en los enanos: se reconocen entre sí a simple vista. Para eso, han inventado la distinción, que no es más que una forma de distancia; es decir, de mantenernos a distancia a los demás.

Recuerdo haber leído en Gibbon que se discutió en el Senado romano la posibilidad de uniformar a los esclavos. Al final, decidieron que era demasiado peligroso porque si llevaban uniforme, ellos mismos se darían cuenta de cuántos eran: acabarían rebelándose. En mi opinión, eso es el low cost: no somos unos desgraciados, tenemos nuestro móvil, nuestra pantalla de plasma, muebles de Ikea y ropa de Zara. Los bancos, esos filántropos, nos ayudan a comprar una casa, un coche o un ordenador. ¿Qué más queremos? ¿De qué nos quejamos? No somos esclavos: podemos ir vestidos como los ciudadanos libres.

Mas no seamos pesimistas. Como siempre, ningún análisis de futuro predice todo. Por ejemplo, cuando parecía que el mundo se dividiría por siempre jamás en bloque capitalista y bloque comunista, cae el Muro de Berlín.

Ocurre que Lincoln tiene más razón que un santo. Si el engaño deja de estar en un grupo pequeño enseguida será descubierto. No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. El sistema ha cometido muchos errores, y por ahora más o menos ha sabido mantenerse. Pero empieza a hacer aguas. Al menos en lo cultural.

Mientras el arte contemporáneo fue arrebatado al gran público y se limitaba a un espectáculo para multimillonarios, el sistema basado en que el anti-arte es arte funcionó bien. La plebe no comprendía cómo un millonario pagaba muchocientos dólares por una lata llena de caca. Pero lo aceptaba, desde siempre se asume que los ricos son "extravagantes".

Al público en general se le mostraban los temas ya masticados, rematados. Por ejemplo, una visión heroica, edulcorada, de las Vanguardias Históricas, y se les dejaba a Picasso y a los pintores antiguos. De este modo lo de "yo es que no entiendo" funcionaba maravillosamente.

Pero ¡ay! la codicia. La codicia inconmensurable de los políticos, que inauguraban museos de Arte Contemporáneo hasta en el patio de tu casa si lo dejabas abierto de noche, la de los opinadores (gurús y expertos), la de los editores, la de las fundaciones, los bancos, y hasta de los profesores de la carrera de Bellas Artes, en un momento -los años 90- en el que el negocio iba muy bien, hizo que como decía el cuento, entre todos "matasen a la gallina de los huevos de oro".

El negocio iba tan bien, la teoría iba tan bien, los eventos tipo Bienal de Venecia y Documenta, Arco, etc, iban tan bien, la venta de libros, los programas de TV especializados... todo iba tan viento en popa que se pensó que al fin la gente corriente (la plebe) ya estaba preparada para asumir la modernidad. Ya todo el mundo podría entender el ready-made y la caca enlatada, y admirar a las señoras que semidesnudas se daban latigazos con la cabeza tapada por una capucha de raso.

Así que se preparó la versión low-cost del anti-arte, una campaña de popularización y consagración de figuras por todo lo alto. Las fundaciones como Caixa Galicia, las salas municipales, los museos de arte contemporáneo, los libros de Taschen, ya podían libremente dejar ver lo que hasta ahora estaba reservado a la élite.

Pero ocurrió lo peor. La gente, en lugar de pelearse por los productos low-cost del Gran Arte Contemporáneo, para imitar a sus ídolos de la élite -que compran por ejemplo, camas deshechas con manchas de sangre de regla- optaron por reírse. Igualito que el niño del cuento.

Y en esas estamos.

Algunos avispados empresarios, como Saatchi, se dieron cuenta y han reaccionado a tiempo, dando un giro de 180º a sus inversiones en arte. ¿Qué pasó?

Pues sencillamente, que las camas deshechas, los tiburones en formol, las salas vacías o las latas de caca no son, pese a su precio, pese a su marketing, bienes deseables, anhelados, codiciados con envidia como los Ferraris o las teles de plasma. Son -en muchos casos, literalmente, m-i-e-r-d-a. No valen nada. Un simple bluff. La élite misma había sido engañada. Y por doquier empieza a naufragar el negocio del arte contemporáneo, aunque apenas lo notemos todavía. El sacrosanto edificio teórico que lo sostenía era puro sofisma, muy aparente. Pero curiosamente, en este perfecto mundo liberal, capitalista, democrático, moderno, el arte necesita tener la misma función de siempre, que es algo más que ser comprada por la élite.

Mientras la plebe desconocía el anti-arte, los ecos de los happenings sonaban a rebeldía. Pero cuando a los mileuristas se les presentaron libros con cientos de ilustraciones de objetos horribles, espantosos, como caballos colgados del techo, que mostraban más que ingenio, caradura, el pueblo llano entendió al fin que de rebeldía, nada. Nada auténtico, nada que no hubiese sido previamente pactado, subvencionado y programado. Se rieron de los anti-artistas, de los opinadores, y de los millonetis que alguna vez pagaron algo.

Pero ¿por qué la élite no notaba el engaño? Primero porque según la ley de Lincoln, era un grupo pequeño, y es fácil mantenerlo engañado. Pero además porque la gente de la élite, que no necesita gran esfuerzo diario para mantener un buen nivel de vida, con lujo incluido, no nota fácilmente la diferencia entre lo auténtico, lo que lleva un trabajo o sinceridad detrás, de lo que es puro oportunismo aderezado con teatro.

Los bufones siempre han buscado a los ricos, no a los pobres. Porque el pobre sabe cuánto cuesta ganar mil euros, por lo que jamás tolerará que un niñato de palabra fácil, con manos impecables, sin callos en ellas, le pida cien mil euros por un frasco lleno de babas o heces.

Lo que no sabe mucha gente, y debería saber, es que a pesar de todo, están pagándole a esta gente sus pasatiempos. La mayor parte del dinero que en España se invierte en el llamado arte contemporáneo (anti-arte), es dinero público, es decir, salido de todos y cada uno de nuestros bolsillos. Subvenciones, museos, colecciones, estudios, facultades como la de Pontevedra... todo lo pagan nuestros impuestos. Y eso ya no es para reírse, sino para cabrearse.