viernes, 12 de abril de 2013

EL CUADRO DEL DÍA: ¡¡QUE ME LO QUITAN DE LAS MANOOOOOOOS!!

OFERTA DE CUADROS

Se nos ha ocurrido tirar la casa por la ventana, porque ya casi no tenemos casa, jeje.

¡Así que ahí van estas ofertazas!

La del día de hoy es este precioso cuadro de 

PEZ CON ALAS ¡por tan sólo 75 euros!

Pez con alas
24x18 cm
acrílico sobre lienzo

lunes, 18 de febrero de 2013

Capitalismo ¿natural?

Frase anónima en un blog. Coincido palabra por palabra:

"El capitalismo es el estadio de evolución social más anti-natural que el hombre haya conocido;desde el punto de vista de una lógica humana,yo creo que no tiene ni pies,ni cabeza.LLegará el día que estudien esta forma de organización social y les costará creer que esto haya pasado.No debe ser reformado,debe ser destruido hasta el último sótano. "
Pero ¿es el capitalismo algo antinatural? El capitalismo surge espontáneamente en cuanto un homínido cualquiera tiene una cosa en la mano. Es al menos "espontáneo".

Yo creo que el que algo sea espontáneo no significa que sea bueno. Ya en las sociedades animales (por ejemplo las de los chimpancés) tiene lugar el asesinato y se rigen por la codicia, la extorsión y muchas otras formas de barbarie que como humanos rechazamos. Los autodenominados liberales dicen que hay que acabar con el estado, que los estados son antinaturales. Pues sí, son antinaturales. Los chimpancés no tienen Estados, por ejemplo. Pero precisamente esa es su bondad: son magníficas herramientas para neutralizar la barbarie propia de nuestra parte animal o "natural". ¿Cuántos de nosotros sobreviviríamos abandonados a nuestra suerte en una sociedad primitiva o en plena naturaleza? Lo natural está bien para algunas cosas, como la fruta cogida en el árbol, o para disfrutar de la playa. Pero el tifus y la gonorrea también son naturales, natural no significa necesariamente "bueno".

Por el contrario, la tendencia liberal supone consagrar para la sociedad, porque son "naturales", "inevitables" y hasta "científicamente convenientes" las normas bárbaras que rigen a las sociedades primitivas y que en el espejo de la conducta de nuestros parientes homínidos provocan nuestro frontal rechazo.

Una de las primeras conquistas de la civlización ha sido la justicia, por ejemplo. Sustituir la vendetta personal por códigos conocidos por los ciudadanos ha supuesto un enorme avance. Y durante siglos hemos mejorado el derecho. Un estado inexistente o muy mermado supone eliminar el derecho y volver a tiempos salvajes. Y lo mismo con cada una de las desquiciadas aspiraciones neoliberales, que suponen dar rienda suelta a los más perniciosos instintos que todavía habitan en nuestro interior, sin ninguna cortapisa racional.

El capitalismo es antinatural. Pues sí. Lo es en el sentido de que va en contra de lo que nos caracteriza como seres humanos de forma natural, y que ha caracterizado nuestro avance siempre, que es haber superado la animalidad gracias al objetivo del bien común y la búsqueda de la felicidad. ¿Hay algo más específicamente humano? Pues el capitalismo no necesita -ni quiere- eso.

Si hacemos caso al credo capitalista, dinamitamos el estado. Vale. Nos consideramos por naturaleza meros simios violentos. Pues volvamos a la selva. Vale. Pero entonces, abrámosle alegremente la cabeza a quien nos ofende. ¿No es lo más natural? Muchos matarían a los banqueros, o a sus empresarios, precisamente. Adiós capitalismo, también.

En el fondo es una gran hipocresía eso de que el estado limita al capitalismo. Si se siguieran los principios del neoliberalismo y se acabara con los estados, nadie tendría legitimidad política, y menos aún los explotadores. Sus cabezas acabarían siendo rebanadas por la misma guarda pretoriana que hubieran contratado al menor precio posible. En realidad el capitalismo necesita un estado fuerte al menos en su parte ejecutiva y en cuanto a la policía y el ejército para poder mantener a raya a la plebe. Es decir: necesita un estado pero no un estado democrático.

Pues eso,
"No debe ser reformado,debe ser destruido hasta el último sótano."

miércoles, 13 de febrero de 2013

Restart

En los últimos tiempos este blog y otros que tengo abiertos apenas han tenido actividad. En realidad, muchos blogs en el mundo están siendo desatendidos. Del mismo modo que las listas de correo sufrieron la emigración hacia los foros, los foros hacia los blogs, etc, ahora son los blogs los que pierden lectores para reencontrarse en las redes sociales. Quizá, con el tiempo, acabemos volviendo a vernos en persona y charlar...

El caso es que me he replanteado la orientación del blog. Desde el principio este ha sido un blog de arte, pero últimamente los que estamos hartos lo estamos no sólo en arte, sino que el "harte" encuentra en las noticias diarias razones para crecer en todos los ámbitos.

Así que me he propuesto volver a este blog, pero tratando no sólo "lérias" de arte, sino "lérias várias", como dice su título. Reflexiones que muchas veces nacen en Facebook o en conversaciones con mis alumnos o mi mujer, amigos... Ahora las traspasaré aquí. Y también retrataré parte de la vida cotidiana mía y de mi entorno cercano, sobre todo referente a lo que cocemos en la "Casa del Arte".

Intentaré no ser muy machacón en cuestiones políticas, pero las habrá. Un artista, por muy artista que sea, y por muy "rara" que sea su vida cotidiana (por ejemplo, yo estoy pintando ahora un cuadro al alimón con mi mujer, inspirado en una lata de mantecados) es también una persona más en todos los aspectos excepto en el propiamente artístico. Un artista come y caga, duerme, ama y odia como cualquier otra persona. Asimismo, el artista tiene una responsabilidad y una dimensión social como la de cualquier otro ciudadano, y quizá aumentada por una sensibilidad más acusada. Me parece que una de las mentiras que debemos sacudirnos los autonarcotizados artistas es eso del artista "apolítico" y "neutral", interesado sólo en su arte. Es tan estúpido eso como creer que el artista tiene obligatoriamente que hacer "arte social" o "de protesta".

El arte es muy poderoso, pero es tanto más poderoso cuanta más calidad tenga.

Sólo un gran artista llega a la gente e influye en ella, iniciando una revolución. El tema es lo de menos: un artista grande de verdad puede pintar flores y que esas flores sean un grito de rabia.

miércoles, 2 de enero de 2013

Regala pintura en REYES.



Regala un cuadro EN REYES: te están esperando en CASA DEL ARTE paisajes de Málaga, bodegones muy originales... pero también puedes elegir desnudos, encargar un retrato...

Además estos días, GRANDES OPORTUNIDADES. Por ejemplo, este cuadro precioso de la Alcazaba de Málaga, pintado por Carmen Martín, que tiene un precio de 1000 euros, está ahora a 500 euros -¡CASI A MITAD DE PRECIO! Sólo si lo compras antes del día 6 de enero.

Damos facilidades para pagar. Llámanos.

CASA DEL ARTE:
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También existe la posibilidad de ser MECENAS de la CASA DEL ARTE para comprar obra con un descuento enorme en cualquier época del año, suscribiéndote anualmente con una cuota cuya cuantía eliges tú. Además tendrás ofertas exclusivas y grandes descuentos también en talleres y cursos monográficos.

(Próximamente).

domingo, 11 de noviembre de 2012

Libro sobre Carmen Martín y sus murales


Tengo el enorme placer de poderos al fin presentar este libro que he confeccionado, sobre los murales que pinta mi mujer, la pintora todo terreno Carmen Martín.




Un libro de 50 páginas, que por supuesto podéis descargar, enseñar y mostrar de forma TOTALMENTE GRATUITA (está hecho con licencia Creative Commons CC BY-SA 2.5 ES), y por supuesto lo podéis (y tenéis que) imprimir si queréis disfrutar de él "en persona".

Es más, no sólo podéis mirarlo, imprimirlo, compartirlo todo lo que queráis... si conseguimos un encargo gracias a la publicidad que hagáis de los murales, os llevaréis un cuadro hecho por Carmen, del tema que queráis, más un ejemplar impreso del libro*.



El libro en sí es una panorámica a través del trabajo muralístico de Carmen Martín, y en el enlace se incluye un visor que os lo muestra como si fuera un libro físico, hasta se pueden pasar las páginas y suena como si se pasara la página... La interfaz, como podéis ver, es muy sencilla y cómoda, y permite tanto descargar el PDF original como leer ampliado y en pantalla completa (os aconsejo hacerlo así, y cerrando un panel que hay a la izquierda para poder ver más grandes las páginas).

Eso sí, hace falta tener instalado Flash, los que tengáis iPhone/iPad, podéis descargaros el PDF que os enlazo aquí.

¡Que lo disfrutéis!




...

Estos días hemos estado liados con otras muchas cosas, desde el comienzo del Curso de Caligrafía, del que también hablaremos, que está logrando algo tan bonito como prender el gusto y la curiosidad en nuestros estupendos alumnos.

También os comentaremos, en cuanto estén un poco más avanzados, sobre nuevos proyectos artísticos, entre los que está la ilustración de la música de un compositor amigo nuestro, que hará Carmen, o un proyecto de novela gráfica postapocalíptica que sucede en Málaga y que haré yo.



(*) Si el encargo compensa los gastos de impresión y envío, que están en torno a los 35 euros por ejemplar.

jueves, 23 de agosto de 2012

"Todo el mundo es artista"

Beuys dijo: "Todo el mundo es artista".


...¡y una mierda!

Por supuesto, no faltarán fanboys de Beuys (valga la cacofonía) que defiendan el "arte" de la señora que "restauró" el Ecce Homo famoso de Borja. Conste que ni es la primera ni será la última mala restauración, al menos la señoriña de Borja no se enriqueció ni infló su currículum destrozando el patrimonio.

Pero a mí me parece evidente, con imágenes tan expresivas como esta, que de todas las gilipolleces que los tontol'habas del planeta han dicho alguna vez, la soplapollez esa de "todo el mundo es artista" que soltó nuestro asesino nazi reconvertido en místico conceptual es de las más tontas.
Es que ni todo el mundo vale para confitero, ni para fontanero, ni para registrador de la propiedad, y por supuesto, no todo el mundo vale para artista.

A mí Beuys siempre me ha parecido un soplagaitas y sus seguidores unos comemierdas (¿o era al revés?), pero con imágenes tan explícitas como esta, confirmo mis sospechas hasta un punto más allá de toda duda. Gracias, doña Cecilia, por ayudar a dejar las cosas bien claras.

sábado, 28 de julio de 2012

LA RUTA DE LOS SERES

Os dejo aquí un texto que escribí hace unos 15 o más años, que trataba sobre la Ruta de la Seda. Recuerdo que había sido un encargo de un amigo, para no recuerdo bien qué publicación.

El caso es que revisando cosas antiguas lo he encontrado, pasado a formato HTML (lo había escrito con Page Maker 5, qué tiempos aquellos).

La verdad es que me ha hecho muchísima gracia reencontrarlo. Se supone que es la crónica de un viajero por la Ruta de la Seda en la época final del Imperio Romano. Este es el texto:




LA RUTA DE LOS SERES
Crónica de Paifocles de Ardóbriga (s. III d. C.)

Manuscrito hallado, restaurado, compilado y traducido
del bajo latín por Miguel­Anxo Varela Diaz.


Hace ya cuatro años que partí con el comerciante Caius Poppeus hacia las lejanas tierras de los Seres, donde se cultiva el árbol del rico tejido de las túnicas.

Los Anales hablan de extraños habitantes más allá del reino escita, pero yo no he visto cíclopes ni grifos ni gigantes, ni ninguna otra especie de ser fabuloso. Tan solo hombres y mujeres como nosotros, aunque de curiosos rasgos y la color aceitunada. En sus curtidos rostros el fuerte sol de las estepas ara profundos surcos.

En la tierra Escita a punto estuvimos de perder la vida, pues la crueldad de este pueblo es con razón temida en todo el orbe. Nos tendieron artera emboscada y atacaron nuestra caravana. Pero los regalos generosos de Caius aplacaron su fiereza.

De sus caballos prodigiosos colgaban las cabezas de toda clase de adversarios. Hatuk, su caudillo, lucía orgulloso una capa confeccionada con las pieles de los cráneos de sus enemigos, asesinados por él mismo.

Nos invitaron a un ágape en el cual bebieron en calaveras rebanadas.

Pero la crudeza de los escitas es compensada por la libertad de que disfrutan; el escita a caballo es Centauro, ser único que al juicio del hombre une la veloz carrera y la agradable amplitud de los espacios...

Iba con nosotros un indio de Barbaricum, que decía poseer el secreto de la elaboración de la seda. Yo intenté indagar, y mediante regalos y favores conseguí ablandarlo y romper su celo, pero el indio, en lugar de mostrarme las simientes del árbol sérico, me dio unos gusanos que alimentaba con hojas de morera. En seguida vi el engaño y supe de sus intenciones, y así, le correspondí con malas palabras. Pero bien reflexioné luego que un secreto como las semillas del Árbol de la Seda, no podría estar en manos de un mortal, y que caso de estarlo, no se daría a conocer a cambio de un poco de pimienta y oro... Aprendí la enseñanza, pero ya jamás he vuelto a creer en la palabra de un indio, pues este me enseñó que la suya es una raza mentirosa y burlona.

Pero es mi propósito llegar a hacerme conocedor del secreto de la elaboración del precioso tejido, y de llevar a Roma algunas semillas del árbol sérico, con lo cual espero obtener el favor del César. Pero no creeré ni un ápice de cuanto oiga mientras yo mismo no vea deshilar la corteza del árbol misterioso y tejer sus hilos.

Desde Ardóbriga viajé por tierra hasta Roma, donde Caius Poppeus, mi amigo comerciante, cargó sus carros con los regalos para los príncipes escitas, así como las mercancías que debía cambiar por seda.

Nuestra caravana pasó días felices en Petra, donde sus habitantes han tallado la montaña con fantásticos templos y tumbas. Es Petra una ciudad enigmática, cuyas cuevas suntuosas son habitadas por gentes venidas de todos los confines del mundo.

Asimismo hemos recorrido amplias llanuras en las que a duras penas sorteado los muchos peligros que nos salían al paso. Un nativo, esclavo de Caius desde hacía años nos ha guiado a salvo por los montes de la región, hasta llevarnos a Palmira, la reina del desierto. Las leyendas sobre su fasto y belleza son sólo pálidas y burdas aproximaciones; siendo provincia del Imperio, se puede en todo comparar a Roma, aunque hoy no es ni sombra de cuanto fue.

Las mujeres de la ciudad visten ricas sedas bordadas con caprichosos diseños, y es tanto el lujo y liberalidad que se diría vivimos los tiempos antiguos en que los hombres rivalizaban en todo con los Dioses, si no fuese por la criminalidad y vida licenciosa de la bella Palmira.

En Palmira viven orientales de ojos rasgados que, siendo ricos comerciantes provenientes de la lejana tierra de los Seres, cambiaron el peligro incierto de las estepas por la vida llena de lujos de esta ciudad, que los fascinó finalmente.

Hay fieles de todas las religiones conocidas, desde sacerdotisas de Isis y del demonio Bes, hasta cristianos, maniqueos, persas de los templos del fuego, e incluso aquellos que adoran a Buda sentado.

No hay nada en Palmira que no pueda comprarse o venderse. El oro, la plata, las especias más escogidas, los objetos de ricos materiales: perlas y piedras preciosas, y las mejores y más finas sedas circulan en sus mercados como en otro lugar las verduras o la carne.

Hay gentes de todas las razas: romanos, griegos, orientales, indios de tez oscura, etíopes, egipcios... todos viven y mueren en esta segunda Roma extrañamente clavada en un desierto.

También en Palmira hay rameras de todas las especies, y el vicio y las orgías están en casa de todos. Se comentan en toda la ciudad los amores de los poderosos. Así, se sabe de los amores de cierto príncipe bárbaro con la oriental Calío, bella entre las bellas, y sus tres hermanas; o del gusto de un rico comerciante por los infantes; o de los impúdicos desvaríos de la esposa de Crasus con una mujer barbuda, de nombre Mesala, que reside en el barrio más lujoso de la ciudad, rodeada de amantes y tesoros incalculables. Las calles de Palmira son peligrosas en la noche y la guardia romana no consigue frenar los asesinatos y rapiñas. Aquí anidan como escorpiones antiguos soldados desertados, monjes dados al crimen, que contra todo sentido continúan vistiendo sus hábitos de pureza; escitas llegados del norte, y toda la ralea de criminales ávidos de riquezas.

Nosotros decidimos continuar más hacia el Oriente, y como ya he dicho, es mi propósito particular lograr fama y reconocimiento del César consiguiendo para Roma las semillas del maravilloso y tan secretamente guardado árbol sérico.

Después de visitar Palmira, en la que vivimos dos meses, aprovisionando nuestra caravana con todo aquello que precisábamos, seguimos la ruta del Norte hacia Hamadis, pues se comentaba que el camino a Seleucia estaba atestado de ladrones. En esta ruta encontramos pueblos de antiguo esplendor, entre el Éufrates y el Tigris, los cuales rendían culto al fuego, su dios, en templos que eran auténticas montañas de adobe.

En Hamadis cambiamos oro por joyas y seda, si bien en cantidad suficiente sólo para pagar los aranceles en algún puesto fronterizo. Más allá de esta ciudad, una entre tantas de la ruta, corrimos peligros hasta Bactra por toda la tierra cercana a la orilla del Mar Interior. Allí pasamos entre los Malévolos, gentes nómadas de costumbres afines a los Escitas, pero que nos respetaron gracias a nuestros rasgos para ellos exóticos, que les infundían un extraño temor. Entre las costumbres de este pueblo estaban la de la crueldad moral y el engaño y maldad para con los suyos, que quizá les haya dado nombre.

Muy diversa es la vida de los Pampos, dedicados a la agricultura, que viven en casas pequeñas. Adoran al sol, al que rinden culto con espejos, hechos de plata, o que si pertenecen a familias pobres, fabrican con barreños de cobre o de barro que llenan de agua. Estos Pampos o Heliófilos miran al sol en sus espejos tres veces al día: al amanecer, en su cénit y en el ocaso, pero tienen rigurosamente prohibido mirarlo directamente. Mas por esta costumbre de hacer entrar tan fuerte luz en sus ojos, acaban ciegos prematuramente, y muchos de ellos pronto dejan de ser útiles a sus paisanos en las labores de la tierra. A este pueblo, que ocupa apenas cinco aldeas, los malévolos, sus vecinos, llaman Xos-Kos; que en su lengua significa «torpes cegatos», porque como ya he dicho, por causa de su extraña religión, muchos quedan ciegos antes de los veinte años. Pero para ellos esta desgracia se ve compensada por un acercamiento mayor a la Divinidad.

Después de los Pampos, a los que visitamos huyendo de los salteadores que había en nuestro camino, pasamos por la morada de los Caspios, que viven de la pesca en el Mar Interior. Allí, junto al mar descansamos, y oímos noticias sobre disturbios en Seleucia.

Lo contaba un cartaginés que, siguiendo nuestro camino, había pasado por Alejandría, Copto, Berenice, Leuké Tomé, para luego llegar a Petra y Palmira. Desde entonces había seguido la Ruta del Sur hasta donde nos habíamos encontrado. Contaba el viajero que la que antaño fuera gran ciudad, hoy pequeño asentamiento, había sido destruida por segunda vez. Ya no quedaba en Seleucia piedra sobre piedra, ni persona viva. Todo había sido arrasado y ya no quedaban más que cenizas. Esto nos entristeció mucho, pues en Seleucia vivía un antiguo socio y amigo, con el que nos encontraríamos a la vuelta, y que era el alcalde de la plaza. Supimos de su muerte por boca del cartaginés.

Afligidos por la mala nueva partimos hacia Bactra, y nos topamos con caballeros armados que nos exigieron un tributo a cambio de pasar a la ciudad. Pagamos en especia, y nos permitieron franquear las puertas. Allí estuvimos ocho semanas, en las que ganamos dinero y compramos seda de la más fina calidad. En Bactra encontré un hombre de rarísimos rasgos semejante a los nómadas de cara ancha y nariz chata, que iba vestido con telas de lana teñidas de vivísimos colores, y que nos intrigó enormemente. Contaban que venía del fin del mundo, que había llegado a la ciudad desde el país de Thin, pero que aún venía de más lejos. Mascaba unas hojas que le daban fuerza y resistencia. Era vendedor en el mercado, y entre las cosas que haba traído de su lejano país, además de sus ropas y sus hojas de mascar estaban una suerte de manzanas que brotaban bajo la tierra, entre las raíces de una planta. Él mismo las cultivaba con su esposa, y las vendía en el mercado. Nosotros probamos estos frutos y su sabor era exquisito. Su carne era muy sabrosa y superaba en mucho a las castañas para acompañar las viandas... Estoy seguro que estos frutos, que él llamaba «papatae» serían muy apreciados en todo el Imperio.

Conocí también en Bactra un oriental, de nombre Su-Ying, al que sonsaqué datos sobre el modo de elaborar la seda, aunque en casi todo coincidió con lo ya sabido. Me dijo:

«Cuando el árbol de la seda esté en flor, ha de darse gracias a los dioses, sobre todo a la diosa Sang. En mi país Thin, esta diosa es la Diosa de la Seda. Pues bien, cuando este árbol está en flor ha de rascarse su corteza, con cuidado de no cortarla ni muy gruesa (pues el árbol, desprotegido, moriría) ni muy fina, pues romperíamos los hilos de seda. Así pues, una vez arañada las cortezas se meterán en agua salada durante diez días y diez noches, durante las cuales no se descuidará cambiar el agua dos veces, una al salir la luna, la otra al desaparecer en el horizonte. Así, al cabo de estos diez días y diez noches se recogerá la corteza, que ya estará hinchada y muy suave al tacto, y se lavará en el agua más clara de un río. Otra vez se rogará a los dioses y en particular a la diosa Sang, y se comenzará a deshilar la corteza y trenzar con ella los finos hilos de la seda.»


Este oriental me vendió unas simientes, semejantes al trigo, de las que decía que crecería este árbol siempre y cuando recitara correctamente las oraciones a Sang y a los otros dioses.

Pero yo me he propuesto llegar hasta la mismísima Thina, capital de la tierra de los Seres, más allá de las montañas, más allá del país de los bárbaros Satasai, y ver con mis propios ojos el cultivo de este árbol, y con el tiempo hacerme yo hábil en este cultivo para llevárselo a nuestro emperador, aunque sé que mi plan es temerario y quizá peligre mi vida, pues los Seres no permiten a nadie (y menos a un extranjero), cruzar sus fronteras con estas semillas, bajo pena de muerte. Pero yo me encomendaré a Isis, reina de los cielos y a su amado hijo, para que me protejan contra todo enemigo, contra cualquier desgracia que el Destino haya puesto en mi camino.